ARQUINE No.45 OTONO 2008.

Toda construcción tiene su tiempo y su periodo de extinción pero, como la vida, éstos son indefinidos. Aunque el tiempo es la cuarta dimensión del espacio, la condición de arquitectura efímera es un término que, en mayor o menor medida, podemos aplicar a todas las arquitecturas. Algunas de ellas ya nacen —como los replicantes de Blade Runner— con fecha de caducidad. Construcciones desmontables o transportables, ocupaciones temporales del espacio público o artefactos para–arquitectónicos, permiten experimentar, estructural y físicamente, condiciones espaciales que trascienden las limitantes perennes de la construcción convencional, apegada a los usos y costumbres y a las regulaciones legales. La condición efímera de la arquitectura tiene tanto de experimental como de esencial, lo cual la aleja de la arrogancia de la arquitectura tradicional y de su lastre de significados, a la vez que la dota de una estética eficiente y funcional. Los hábitats de supervivencia militares o deportivos, las naves espaciales y los artefactos móviles habitables se libran de la inercia histórica, cultural y formal para proponer soluciones imaginativas, que rescatan los prototipos ancestrales de la cueva, la cabaña y la tienda. Si el pabellón de Melnikov fue el embrión estructural de una saga de edificios paradigmáticos de la modernidad y los pabellones de Mies van der Rohe iniciaron cierto formalismo que conformó el espacio doméstico del pasado siglo, algunas arquitecturas efímeras contemporáneas bien podrían ser las semillas del espacio habitable del futuro.

Autor: VARIOS

Precio: $19,000