ARQUINE No.43 PRIMAVERA 2008.

La vivienda es la esencia y el cuerpo de las ciudades. La masa urbana. Es un producto de primera necesidad y también un producto del mercado, sujeto a presiones comerciales que tienden a la generalización. La vivienda es quizá la tipología más convencional, la que menos ha evolucionado, la más apegada a lo tradicional y trivial. La “máquina de habitar” que proponía Le Corbusier se rigidizó inflexible hasta la caricatura. La vivienda no ha cambiado en los últimos decenios, a pesar de que los usos, las costumbres, el concepto de familia o el número de personas que habitan en una vivienda, se hayan transformado radicalmente. El individuo sustituye a la familia como unidad de referencia, por lo que el espacio habitable debe basarse en la polifuncionalidad, la diversidad y la flexibilidad. Tanto las viviendas de interés social como las de nivel medio y alto sufren la misma esclerosis evolutiva. Buena parte de los brutales desarrollos de las periferias metropolitanas no tomaron en cuenta las virtudes de los experimentos del existenz minimum moderno y han acumulado, sin embargo, sus peores aportaciones como la repetitividad y la homogeneización. Los desarrollos habitacionales, formales o informales, buscan sólo la mayor rentabilidad sin procurar la calidad, ni arquitectónica ni urbana. A su vez, la oferta de lujo aborda con convencionalismo y torpeza el espacio doméstico, con despilfarro energético y distribuciones rígidas.

Autor: VARIOS

Precio: $19,000